Como ya dijimos en la previa, los derbis madrileños nunca defraudan.
Ambos equipos dejaban todo lo que tenían sobre el campo, los jugadores daban su máximo individual y colectivamente y, normalmente, el partido no se decidía hasta los minutos finales.
Hablo en pasado porque, al menos ayer, el derbi madrileño tuvo muy poco de eso. Un partido del cual me cuesta bastante creer que los dos equipos diesen todo lo que tenían. Es cierto que venía precedido de una jornada intersemanal intensa, que ninguno de los dos venía en su mejor momento o que el árbitro quizás no estuviese a la altura… pero nada de eso deja en evidencia el nivel que mostraron los jugadores madridistas (y algunos colchoneros) sobre el campo.
Más allá de eso, vamos a centrarnos ya en el partido. El Atlético de Madrid vuelve a hacer del Metropolitano un fortín en los derbis, en este caso volviendo a llevarse los tres puntos frente a su máximo rival. El resultado fue más abultado el año pasado, con ese 5-2 inolvidable para los colchoneros que, seguramente, pasara a los libros de historia del fútbol.
Sin embargo, a pesar de la victoria este año, creo que el mérito (sin quitárselo a los de Simeone) es mucho menor. Es un partido difícil de analizar y de contextualizar, pero creo que a todos nos dio la sensación de que el Madrid pudo haber hecho mucho más. La intensidad con balón, la potencia en los pases, la movilidad, la presión, las vigilancias defensivas, la defensa de área, algunas actuaciones individuales… El Madrid no tenía lo suficiente para ganar.
El ambiente era imponente, el rival estaba a la altura, la temperatura era alta (climatológicamente hablando también, pero me refiero a los roces entre jugadores). Muchos factores daban a pensar de que veríamos lo mejor de ambos equipos, pero la primera parte dejó todo eso en evidencia.




