Durante más de una hora, Japón estuvo a punto de firmar una de las grandes sorpresas del Mundial. Su disciplinado bloque defensivo anuló las principales fortalezas ofensivas de la Brasil de Carlo Ancelotti, obligando a la pentacampeona a atacar por donde Japón se sentía más cómodo. Sin embargo, cuando el partido parecía encaminado hacia la prórroga, un ajuste táctico desde el banquillo cambió por completo el guion.
Más allá del desenlace, este encuentro dejó una valiosa lección sobre la importancia de la ocupación de los espacios en el fútbol moderno. Ancelotti no revolucionó el sistema ni modificó la identidad de su equipo; simplemente reinterpretó cómo debía atacar un bloque tan compacto como el japonés. En este análisis repasamos los cambios que transformaron a Brasil tras el descanso y explican por qué terminó encontrando el gol de la victoria en el último suspiro.
Cómo dominó el partido Japón
Brasil nunca tuvo el partido en su punto de mira. Desde el primer momento dio una sensación de no dar con la tecla, mientras que Japón tenía todo bajo control. Lo tuvo durante casi una hora de juego. Luego ya veremos.
Brasil dominó la posesión durante la primera mitad, pero nunca consiguió traducir ese control en ocasiones claras de gol. El principal motivo fue la organización defensiva de Japón, que logró condicionar la forma en la que el conjunto de Carlo Ancelotti ocupó los espacios en campo rival.
Japón planteó su 5-2-3 / 5-4-1 que tanto hemos visto durante este Mundial. El equipo japonés defendió con un bloque muy compacto, especialmente en la zona del mediocampo. Las distancias entre jugadores eran reducidas y el carril central permanecía constantemente protegido, impidiendo que Brasil encontrara recepciones cómodas entre líneas o generara superioridades en los espacios interiores.
Aquí llegó el primer problema de Brasil, que marcó prácticamente todo el partido y por lo que dio la sensación de ver una y otra vez los mismos ataques de los de Ancelotti.
El pentágono en el mediocampo de Japón creaba constantemente una superioridad para los “Samurai Blue”, lo que hacía que, pese a que Brasil mantenía su rombo en el mediocampo, los de Ancelotti no pudiesen penetrar a esas zonas.
Esto lo podemos ver perfectamente en el mapa de pases de la selección brasileña, donde el partido circula constantemente entre los defensas y hay muy poca incisión en el campo rival.
Por cierto, si no conoces como juega esta Brasil de Carletto, te dejo por aquí un short nuestro en YouTube donde explicamos como ganaron a Escocia desde el rombo en el mediocampo y la presión alta.
La consecuencia de este gran bloque defensivo japonés sería un ataque muy previsible. Aunque es cierto que la movilidad existía por parte de Paquetá y Guimaraes, Brasil no tenía superioridad y tampoco encontraba pases claros para penetrar en esas zonas.
Pero… ¿qué finalidad tenía este bloque defensivo de Japón?
👉Obligar a Brasil a jugar por banda.
Y tú dirás: “¡Pero cómo van a hacerles jugar por fuera, si Brasil precisamente tiene a sus mejores futbolistas en los extremos! El seleccionador de Japón se ha vuelto loco.
Pues… no.
Brasil tiene pólvora en los extremos, como Vini o Rayan. Pero en este partido no partían amplios y a quien le tocaba tomar ese rol en la primera parte sería a los laterales. La posición más floja de toda la “Canarinha”.
Eso hizo que el rendimiento de Brasil en campo rival descendiese notoriamente.
Entonces… ¿qué cambió Brasil para llevarse el partido?
Se da el descanso en Houston. Gana Japón 1-0 gracias a un gol al contragolpe de Sano.
Ancelotti DEBE cambiar algo si no quiere irse a casa.
El entrenador italiano ya pudo ver en la primera parte como a su equipo le faltaba amplitud en campo rival, y entonces se decidió a cambiar estas dinámicas. Ahora, el que partiría abierto por izquierda sería Vini. El ajuste que definió el partido a favor de Brasil.
Brasil ampliaría el campo con el posicionamiento de sus extremos, que en la primera parte partían más por dentro debido a las caídas de Cunha al mediocampo.
Esto obligaba a reaccionar a la defensa de Japón, que se vería obligada a estirarse. Además, está se vería fijada en la profundidad, ya que en la primera parte con las caídas a la “zona 2” del campo, los centrales de Japón podían saltar a interceptar balones. Ahora la cosa había cambiado.
Vinicius se encontró mucho más cómodo recibiendo el pie, pegado a la línea de cal. Ahora, Brasil encontró en el jugador del Madrid un arma al contragolpe y en el 1v1… en su posición natural. Abierto en banda. Como a él le gusta.
Sin embargo, este no sería el único cambio táctico que realizaría Ancelotti al descanso. La entrada de Endrick por el lesionado Paquetá. Esto le permitió al equipo acumular a mucha más gente en zonas de peligro, especialmente en el área, lo que llevó al equipo a colgar muchos balones al área.
Así llegó el empate brasileño, en el que un centro al segundo palo y una prolongación al punto de penalti harían que Casemiro empujara el balón en el área pequeña. Fíjate: Casemiro llegando al área para rematar. El ajuste se explica por sí solo.
Estos ajustes junto con que le subieron una marcha a su presión alta terminaron dándole el partido a los de Ancelotti. Sin embargo, también hay que darle crédito a los japoneses, que pusieron en marcha uno de los mejores sistemas defensivos del mundo del fútbol y dieron guerra hasta el último minuto.
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