Estoy escribiendo esto 9 horas antes de que comience la final del Mundial.
No sé cuándo los estarás leyendo tú, no sé si en este momento somos campeones. No lo sé. Pero sentía que tenía que hablar de este equipo sin que mi mente estuviese forzada a depender del último resultado (ya sea como campeón o como subcampeón).
Vamos a ir desde el principio.
Después de prácticamente todos los partidos de la selección española durante este verano, ha habido un análisis de lo que me ha parecido el partido. A veces en forma de letras, en otros casos en formato vídeo, pero siempre hemos intentado plasmar nuestra opinión desde la pizarra del equipo.
Ahora, estamos frente al partido más importante de nuestras vidas como espectadores. Nada que ver con una final de Copa del Rey, un partido que defina una liga o ni siquiera una final de Champions. El Mundial es otra cosa y, posiblemente, estamos frente al partido del siglo hasta ahora.
España contra Argentina. Todavía no lo asimilo.
No me voy a enrollar mucho más, ya que supongo que si estás leyendo esto es porque algo habrá pasado (sea lo que sea). El caso es que, más allá de que sea el país al que yo animo durante este Mundial, creo que estarás de acuerdo conmigo en que el equipo de Luis de la Fuente ha jugado a un muy buen fútbol.
Eso, como todo, tiene una explicación. Y, dime si me equivoco, pero si estás aquí es porque buscas esas respuestas. Tranquilo/a, que vamos a ello.
Cómo se le han plantado a esta selección española
Antes de nada, apuntar que voy a tomar como referencia los partidos frente a Portugal y Francia.
En ambos partidos los rivales se plantaron sin balón de una manera muy similar. Ambos sabían que presionar arriba era la prioridad, pero que tenían que evitar a toda costa ir al hombre en las marcas, pues la movilidad en salida de España los podría desbaratar por completo.
Por esto, ambos Francia y Portugal pasaron a presionar manteniendo un +1 en la línea defensiva. Para que lo entiendas mejor, ambas mantuvieron a sus dos defensas centrales marcando a Oyarzabal, el único delantero español. El resto del equipo se emparejaría al hombre con sus respectivos dobles, dejando a un jugador español libre en el campo.
En ambos partidos, ese hombre libre español era uno de los centrales. Contra Portugal, el afortunado fue Cubarsí, que hizo un auténtico partidazo. Dechamps vio eso y entonces pensó: “En vez de dejar a Cubarsí libre, voy a flotar a Laporte”. El resultado final fue bastante similar.
Durante todo el Mundial, ambos centrales españoles han estado a un nivel sublime. En la fase sin balón, han estado muy inteligentes, a menudo anticipándose al movimiento del rival y siendo un muro. De ahí que en todos sus partidos (antes de la final) a España sólo le han metido un gol.
Ahora bien, la fase con balón de la dupla Cubarsí-Laporte… otro nivel.
España saliendo desde atrás me ha dejado una sensación que, en caso de que veamos a un rival que genere superioridad en esa primera línea, la calidad con balón y la movilidad constante que hay en su juego les permitiría mantener el balón con cierta calma (los jugadores, seguro que los aficionados estaríamos de pie, pensando que el mínimo error seguramente se traduciría en un gol en contra).
En ambos mapas de pases podemos ver la importancia de ese central libre, y cómo se tradujo en el juego del equipo y en las zonas por las que profundizaba España:
Claro, la superioridad en la primera línea está muy bien, pero ¿cómo pasas de ese punto a avanzar sobre el césped?
Las rotaciones constantes en el mediocampo.
Las rotaciones de posición.
En el mundo, ha habido grandes inventos: el fuego, la rueda, las vacunas, el deporte… y las rotaciones de posición. Gracias Rinus Michels y Johan Cruyff.
El caso es que España ha aprovechado este recurso durante todo el Mundial, siendo esta su principal arma con balón. El planteamiento defensivo más zonal de Francia le permitió a España dominar este concepto con cierta facilidad.
Oyarzabal estaba constantemente cayendo a posiciones de mediocampistas, activando así una serie de movimientos en el mediocampo que hacen que el equipo parezca un dominó perfectamente coordinado:
Esto se vuelve aún más peligroso si tienes en cuenta la flexibilidad que tiene España en su plantilla. Unos perfiles de jugadores que se pueden permitir caer en otras zonas debido a su visión de juego y su entendimiento constante de los espacios.
En la imagen de arriba, vemos como Oyarzabal cae al mediocampo, con lo que Lamine Yamal se mueve al carril interior y Pedro Porro se prepara para explotar la amplitud. En el otro costado, Baena y Cucurella también te permiten modificar sus posiciones para romper la defensa rival.
Estas rotaciones constantes fuerzan constantemente al rival a tomar decisiones difíciles.
Portugal lidió con estos movimientos mucho mejor. En vez de tener una estructura posicional, como el 4-4-2 de Francia, Portugal propuso un marcaje al hombre, siempre controlando a Oyarzabal con un central que le seguía a donde fuese (en este caso Rubén Dias):
Esto prevenía que España generase esa superioridad interior que sí que logró frente a Francia luego en el partido de semifinales. Además, con este ajuste táctico, España se vio bastante lateral, sin tantas opciones para profundizar dentro del bloque rival. El equipo se vio mucho más estático con el balón.
Una de las principales críticas al mandato de Luis Enrique en esta selección era el argumento de: “Esta selección se ve demasiado estática y no genera peligro real”. Este equipo es completamente diferente.
Constantemente está moviéndose, generando superioridades, rotando posiciones, creando rondos alrededor del balón… Un equipo mucho más fluido, que crea constantemente líneas de pase y que hace colapsar por completo a sus rivales.
La profundidad de plantilla
El arma táctica que definió tanto el partido de Bélgica como el de Portugal.
En este último, la entrada de Mikel Merino y Ferrán Torres inmediatamente ofrecían más soluciones con las carreras a la espalda de la línea defensiva portuguesa. El gol contra Portugal es el ejemplo perfecto:
Ferrán recibía entre líneas un pase de Rodri y, al “salir” de su posición (realmente realiza un mínimo desmarque de apoyo), arrastra a Rubén Días. De esta forma, el central luso dejaba mucho espacio a sus espaldas y Mikel Merino no duda en aprovecharlo.
La doble altura en banda
Otra de las fortalezas de esta selección española ha sido cómo han aprovechado las relaciones lateral-extremo con balón.
Como ya dijimos en el análisis del partido contra Francia (si no lo has visto, te lo dejo por aquí:
El caso es que en ese partido se explotó bastante el posicionamiento de Baena por dentro para generar superioridad, a la vez que Cucurella aprovechaba la amplitud. De esta forma, como Laporte siempre tenía la batuta inicial, tenía abierta la opción de pase tanto por fuera como por dentro para encontrar a Baena.
Además, con su movimiento, Baena atraía consigo al lateral derecho francés: Jules Koundé. Esto, sumado al poco sacrificio defensivo de Dembélé en campo propio, creaba un 2v1 en banda y le dejaba toda la banda a Cucurella.
En el partido de Austria también pudimos ver cómo esta doble altura en banda fue uno de los principales factores que decidió el partido a favor de los españoles.
En ese partido también pudimos ver un gol de Pedro Porro, incorporándose el jugador del Tottenham muy bien al área y rematando prácticamente solo porque había sido indetectable en su movimiento.
Los rivales se centran en Lamine Yamal y este, más listo que nadie, no tiene miedo en arrastrar sus marcas. Así llegó por ejemplo el gol de Porro ante Francia:
El trabajo post-pérdida
España es una selección muy destacada en el momento en el que tiene el balón pero, como buen equipo de escuela hispano-holandesa (los que sepáis un poco de historia de fútbol seguro que me entendéis), es un equipo que también se destaca a la hora de recuperarlo.
Esa es la prioridad. Dominar mediante el balón, ya no tanto desde la posición.
Tan pronto como pierden el balón en zonas centrales (que es por donde focalizan su ataque si el rival no se lo impide), tratan de bloquear al jugador que se lleva el balón. Incluso en muchas ocasiones podemos ver a jugadores que están por delante de la altura del balón retroceder con intensidad para recuperarlo.
Además, una vez lo roban, son un equipo que no pierde sus oportunidades de acelerar. En equipos de carácter más posicional se suele dar un reinicio tras recuperar en este tipo de situaciones, pero esta selección española también puede encontrar a su rival desprevenido.
En caso de no poder robar de esta forma o que el rival en lugar de salir con el balón jugado decida pegar un pelotazo para que el delantero la luche, la defensa de descanso o defensa de vigilancia de España toma vital importancia.
Si no conoces este concepto, significa básicamente la cantidad de jugadores que dejas preparados por debajo de la altura del balón para, en caso de pérdida, poder replegar.
En este caso, siempre que es posible, España va a dejar a su triángulo centrales + Rodri y a los laterales. Esa estructura 2+3 sagrada en la base de la jugada:
De esta forma, España siempre tiene a jugadores preparados para, en caso de una pérdida, elegir si presionar o replegar dependiendo del contexto y la situación.
Además, quería destacar el olfato que tienen tanto Porro como Cucurella en estos aspectos, pues saben donde posicionarse en cada momento a la perfección. Conocen el juego para, dependiendo del momento, atacar el segundo palo o quedarse preparado para una pérdida en esta estructura de la que hemos hablado.
La importancia de Rodri
Creo que nada de esto sería posible sin el ancla del equipo, sin el capitán, sin el timón que hace que el barco navegue recto.
Ese jugador es Rodri.
Pese a que muchos le criticamos al inicio del Mundial por ser demasiado precavido en sus pases (sí, me incluyo entre uno de esos), lo cierto es que Luis se mantuvo en su decisión de que partiese como titular y nos está cerrando la boca a todos.
De hecho, es el jugador de todo el Mundial que más pases ha dado, siendo una pieza vital en la construcción de jugada de la selección. Su trabajo, tanto con el balón como sin él, han hecho que un futbolista que desde su lesión no era el mismo volviese a un nivel digno de un Balón de Oro.
Y lo puedo decir sin miedo: el mejor futbolista de esta selección es Rodri.
No me cabe duda.
El futbolista que genera juego para que otros se beneficien, él siempre desde ese trabajo sucio que muy pocos sabemos apreciar.
Te acuerdas de que hace nada te he dicho que Rodri me parecía demasiado horizontal y con una tendencia para jugar hacia atrás al inicio del torneo.
Bien, pues te alegrará saber que, a día de hoy, es el futbolista que más líneas ha roto en todo el mundial. Quiero decir, Rodri, a quien muchos juzgábamos por “no jugársela” es el jugador que más “se la juega”.
Curioso… ¿verdad?
Además, defensivamente, protege constantemente a la última línea, firmando por ejemplo un partido excepcional frente a la “todopoderosa” Francia de los Dembélé, Mbappé, Doué y compañía.
Nada de este planteamiento de Luis de la Fuente sería posible sin la figura de Rodri en el mediocampo.
Como ya os he dicho al principio, y tampoco quiero ser muy pesado con esto, estoy escribiendo esto a nada de que empiece la final. De hecho, quedan solo 4 horas para que empiece. No me puedo estar quieto.
Pase lo que pase, lo que hemos disfrutado de este selección y su juego no tiene precio. Cómo nos levantamos del sillón tras esos goles de Merino, la esperanza del penalti de Francia, las sensaciones tras el primer batacazo contra Cabo Verde. Todo forma parte de un viaje que acaba hoy. Esta noche. Y aquí hemos estado para contártleo.
Muchas gracias por llegar hasta aquí y nos vemos en el siguiente!! 🫂

























